#Baracoa: La leyenda del río Miel

Por: Raúl Antonio Capote

Al llegar a la ciudad de Baracoa, ya gratamente estimulados por la belleza del paisaje que nos acompaña durante todo el recorrido desde la ciudad de Guantánamo, nos recibe en todo su esplendor, Miel.

La furia del huracán no le pudo desdibujar la belleza, corre al mar con su donaire de bella y orgullosa baracoesa, no se cómo le nombraban los habitantes originarios del lugar, aquellos que un día tiñeron sus riveras con sangre rebelde mezclada con la del invasor, pero sus descendientes le llaman Miel. En sus aguas los taínos lavaron sus cuerpos, amaron, lucharon y murieron.

Después de Matthew, cuando nos acercamos a Miel por primera vez, mostraba la altanera actitud del indio insumiso, el español no encontró oro en su cause pero el sudor y las lágrimas le desbordaron y entregaron el matiz bravo que le alza cuando es azotado por el viento.

Cuenta la leyenda que una delicada joven, de piel bronceada, a la que todos llamaban por el color de sus ojos, Miel, un día bañándose en las riveras del río fue vista por un navegante que quedó hechizado con su belleza, surgió el amor entre ambos, pero la posibilidad de la partida del marino entristecía a la muchacha.

Miel, lloraba a la orilla del río y sus lágrimas nutrían las aguas que se volvían cada vez más dulces. El joven navegante que acostumbraba a bañarse cada mañana en el río, terminó casándose finalmente con Miel y abandonó su carrera de marino.
Desde entonces así se le llama este río y muchos aseguran que quien se baña en sus aguas, se casa en Baracoa quedándose en ella para siempre.

Poco a poco, gracias a  la naturaleza bendecida de esta zona, el verde regresa a sus riveras y las aguas mansas y dulces de Miel recobran el esplendor de siempre, muchos que vinieron a socorrer a la primera capital de Cuba, han cruzado sus aguas y se entregan con amor a la reconstrucción, no se si nos quedaremos en Baracoa para siempre, pero la bondad, la generosidad de los habitantes de la villa primada nos conquistó y nos acompañará donde quiera que estemos, la imagen de Miel, bella y sublime, será parte de nuestros recuerdos especiales y con seguridad volveremos una y otra vez a bañarnos en sus aguas.