Sidney Gottlieb y sus asesinos “perfectos”

Por: Jorge Wejebe Cobo

En una celda sin ventanas de la cárcel de Ben Hoa, en el antiguo Saigón, durante una noche de principios de la década de 1960, prisioneros, soldados del ejército de Viet Nan del Norte y guerrilleros capturados despertaban de la anestesia en un ambiente con vaho de cloroformo y suciedad e, instintivamente, se tocaban la herida recién suturada en la cabeza y descubrían a su lado una bayoneta.

A todos le trepanaron el cráneo e implantaron electrodos que reaccionarían a una señal de un emisor manipulado por el doctor en química Sidney Gottlieb, quien creía estar a punto de descubrir el método para convertir a un ser humano en una máquina de matar.

Era el logro ansiado por más de 10 años de la súper secreta operación MK Ultra, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), para el control absoluto de la mente humana.

Gottlieb apretó las teclas del emisor de radio para activar los electrodos ubicados en partes del cerebro que consideraba generaban la violencia al recibir las señales, con lo cual el instinto de fiera en cada prisionero los conduciría a apuñalearse entre sí.

Pero nada ocurrió y los jóvenes recién operados, que caminaban como zombis, solo facilitaron el trabajo de los verdugos al sacarlos del recinto para ejecutarlos de un disparo y luego cremar sus cadáveres y borrar las pruebas del experimento.

Así se repitió el ciclo con casi 100 reclusos para frustración de Gottlieb y un equipo de cirujanos de la CIA, quienes habían trabajado febrilmente en aquel macabro experimento, aprovechando la oportunidad de que la guerra en Viet Nam, la cual proporcionaba gran cantidad de detenidos que podían ser sacrificados sin complicaciones legales. Con anterioridad, igual destino tuvieron reclusos en Corea del Sur y en Alemania, sospechosos de ser agentes de la KGB.

DemoralizeMKultra

Paralelamente, experimentaron con sesiones de hipnosis, electroshock e inoculación de drogas, bajo cuyo efecto les repetían a las víctimas palabras e ideas claves en forma de señales para convertirlos en presuntos asesinos “perfectos”.

Pero a Sidney Gottlieb, director de la División Química de la CIA, en la década de 1960 no le afectaban demasiado sus fracasos, ni le impresionaban las miradas perdidas de los vietnamitas camino a la muerte y cuando regresaba de sus viajes por el mundo asumía su rol de buen padre de familia. Tenía una apariencia de médico de pueblo, enjuto, de mediana estatura, estrecho de hombros y poseía una deformidad en un pié que disimulaba con éxito para bailar.

Era aficionado a la cría de cabras en su rancho en Virginia y regalaba a sus amigos envases con leche de su rebaño, los cuales eran desechados por la mayoría porque conocían su obsesión enfermiza por concebir venenos mortales, formas de tortura y, por último, controlar la mente humana para así –según él- eliminar a los reales o supuestos enemigos de Estados Unidos.

También les fascinaban las formas convencionales de matar y facilitó a la CIA un manual para asesinatos, hecho público en la década de 1990, en el cual aconsejaba las zonas más vulnerables del cuerpo humano a las armas blancas, procedimientos de ahorcamiento, de disparar a un grupo y cómo lanzar a alguien al vacío simulando un accidente o suicidio, la vía más efectiva para encubrir una ejecución, según sus valoraciones.

Su otra obsesión por implantar equipos electrónicos en seres vivos lo llevó a operar a un gato e instalar en su oído un micrófono y una antena en su cola y adaptarlo a recibir estímulos, supuestamente por radio, para dirigirlo a grupos de personas en lugares públicos con el fin de grabar las conversaciones. El insólito experimento falló cuando el animal desorientado por tantas operaciones en su cuerpo, no pudo evitar un vehículo y fue aplastado en plena vía.

Luz verde a MK ULTRA

Pero MK Ultra era algo más que convertir un gato en espía. Todo comenzó en 1953, cuando soldados norteamericanos prisioneros durante la contienda en Corea aparecían ante las cámaras de la prensa manifestándose contra la guerra y la intervención de su país en el conflicto.

Entonces se excluyó la explicación de que los prisioneros, la mayoría tan jóvenes como los vietnamitas convertidos en conejillos de indias un decenio después, actuaban bajo la influencia de la experiencia traumática para la cual no estaban preparados o que sus convicciones cedían ante la propaganda de los coreanos del norte.

La concepción de Gottlieb y sus colegas era que los soldados actuaban de esa forma porque los comunistas les habían lavado el cerebro, utilizando drogas y procedimientos siquiátricos y hasta operaciones quirúrgicas que les cambió el comportamiento, por lo cual era necesario iniciar la investigación en ese campo para evitar la supremacía soviética y de sus aliados por el control del pensamiento, objetivo principal de la operación MK ULTRA.

Para comprobar esas hipótesis el equipo de médicos de la CIA examinaron a ex prisioneros, pero a ninguno se le detectó operaciones en la cabeza ni en otras partes del cuerpo realizadas con ese fin.

El entonces jefe de la CIA, Allen Dulles, simpatizó con la vehemencia con la cual Gottlieb defendía la tesis del llamado lavado de cerebro y dio luz verde y los recursos necesarios para llevar adelante la operación.

MK ULTRA se desarrolló durante alrededor de 20 años e incluyó diversas programas para el desarrollo de venenos letales imposibles de ser detectados, planes y asesinatos de líderes extranjeros, utilizando agentes biológicos para producir enfermedades mortales y uso de explosivos. Algunos fueron concebidos por Gottlieb, especialmente los destinados a acabar con la vida del líder cubano Fidel Castro.

En Canadá, la CIA controló una clínica siquiátrica y experimentaron con pacientes sin su consentimiento, aplicándoles gran cantidad de electroshock, trepanaciones del cráneo e extirpación de zonas del cerebro, así como aplicación de drogas que anulaban la voluntad y convertían en especie de vegetales a los pacientes. En los propios Estados Unidos se realizaron iguales experimentos, con mendigos, prostitutas y enfermos mentales.

Durante su trabajo Gottlieb tuvo la ayuda del doctor Ewen Cameron, colaborador de la CIA, quien aportó su experiencia adquirida como asesor en los juicios de Nuremberg, época durante la cual estudió experimentos de médicos nazis en los campos de exterminio buscando también los mismos objetivos de poder sobre la mente humana. Muchos de sus resultados sirvieron como base para MK Ultra.

Quizás Sidney Gottlieb hubiera trascendido como un anónimo empleado de la CIA y la Operación MK ULTRA sería una sigla más dentro del sistema burocrático de la inteligencia estadounidense, de no haberse revelado en sus aspectos principales por la Comisión presidida por el Senador Frank Church, que en 1975 tras la derrota en Viet Nan y la renuncia del presidente Richard Nixon, investigó las acciones encubiertas de la agencia y el FBI hasta esa fecha.

Existe la versión de que cuando Gerald Ford asumió la presidencia, tras la dimisión de Nixon en 1974, ordenó al nuevo director de la CIA, James Schlesinger, reunir en un informe todas aquellas operaciones de la Agencia que violaban la Constitución, lo cual compendió en 703 páginas entregadas por el funcionario ejecutor con una nota sarcástica escrita a mano en la portada: “Señor Director, estas son nuestras joyas de familia”.

Esos documentos desclasificados estimularon la saga de decenas de libros de ficción, investigaciones, películas en todo el mundo sobre los crímenes de la CIA justificados por el contexto de la Guerra Fría en el siglo pasado, pero a su vez aportaron importantes datos y pruebas irrefutables sobre esas actividades de los servicios secretos estadounidenses.

Sidney Gottlieb, murió el 7 de marzo de 1999 a los 80 años de edad. Su deceso lo salvó de comparecer ante un tribunal bajo la acusación de homicidio por la muerte en 1953 de su colaborador Frank Olson, quien arrepentido por los experimentos en que participaba al parecer tenía intenciones de denunciarlos, pero inexplicablemente se lanzó al vacío desde el piso 13 de un Hotel en New York, a través de una ventana de gruesos cristales imposible de romper por él solo.

El cuerpo de Olson fue exhumado por gestión de su familia un cuarto de siglo después y su cráneo había sido aplastado por un golpe en la sien previo a la caída. En la fecha, el colaborador de Gottlieb estaba acompañado por un corpulento empleado de la CIA especialista en asesinar a sus víctimas con un fuerte porrazo en un costado del cráneo.

Muchos recordaron cómo el manual de asesinatos elaborado por Gottlieb, precisamente enunciaba la más efectiva forma de encubrir un homicidio al lanzar a la víctima al vacío para simular un suicidio. No obstante, esta fue la única acción conocida de la justicia puesta en marcha tras las revelaciones de la Operación MK ULTRA, pero que no trascendió por la muerte natural del acusado.

3 comentarios en “Sidney Gottlieb y sus asesinos “perfectos”

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