“La Operación Peter Pan salvó del comunismo a más de 14,000 niños cubanos.”

DESMITIFICANDO

Salvador Capote 

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MITO 18: “La Operación Peter Pan salvó del comunismo a más de 14,000 niños cubanos.”

REALIDAD: La Operación Peter Pan fue una de las más perversas acciones de guerra psicológica contra Cuba. Llevada a cabo por el gobierno de Estados Unidos mediante la CIA y con la participación del clero falangista y reaccionario, tanto de Cuba como de Miami, sembró el terror en las familias cubanas pertenecientes a sectores de la pequeña burguesía católica y consumó el crimen horrendo de separar de sus padres a más de 14,000 niños.

Muchos de estos niños nunca pudieron reencontrarse con sus padres o pudieron hacerlo después de largos años; otros fueron abusados, incluso sexualmente, por los mismos que tenían la obligación de cuidarlos; y todos, en mayor o menor grado, quedaron marcados por el trauma de la separación y la necesidad de adaptarse bruscamente a las condiciones nuevas de un país extraño, con idioma y cultura diferentes. Perdieron a su familia, a su patria y, en muchos casos, hasta la misma fe católica cuya preservación sirvió como uno de los pretextos  para sacarlos de Cuba.

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La Operación Peter Pan se basó en una burda patraña según la cual el gobierno revolucionario le quitaría sus hijos a los padres, privando a éstos de la patria potestad. Se echaron a rodar rumores de niños desaparecidos; de orfelinatos, como la Casa de Beneficencia, cuyos niños eran enviados a Rusia para su adoctrinamiento, y se llegó a extremos absurdos como el de afirmar que los niños serían convertidos en conservas de carne rusa. Para dar mayor credibilidad al engendro se inventó y se puso en circulación un decreto-ley apócrifo mediante el cual el Estado asumía la patria potestad de todos los niños mayores de tres años. Es necesario destacar que la divulgación de la falsa ley  formó parte de un amplio plan de provocaciones y actividades contrarrevolucionarias instigadas por el gobierno norteamericano y desarrolladas por el clero falangista y organizaciones controladas por la CIA.

Por supuesto que la mayor parte de la población cubana no creyó estas mentiras, pero sí tuvieron gran efecto en la clase media católica sometida a la influencia del clero y de la propaganda anticomunista, y permeada por la falacia del fatalismo geográfico que le impedía creer en la posibilidad de triunfo de una revolución a sólo 90 millas de Estados Unidos. Partiendo de la premisa de que en pocos meses los marines invadirían a Cuba y derrocarían al gobierno revolucionario, concluía que era conveniente mantener a los hijos en sitio seguro mientras se desarrollaban los acontecimientos.

Lo irónico es que la Operación Peter Pan terminó convirtiendo en víctimas a las familias a las que, supuestamente, debía favorecer. Los padres que actuaron movidos por el falso peligro de perder la patria potestad, terminaron perdiéndola realmente al entregar a sus hijos a manos extrañas en país extranjero, donde fueron separados, aunque fuesen hermanos, siguiendo rígidos esquemas de ubicación por  edad, sexo y posibilidades económicas.

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Mientras tanto, el gobierno revolucionario hacía exactamente todo lo contrario al poner en acción medidas que conferían valor jurídico a la patria potestad y robustecían los lazos familiares. Mediante la Ley 797 del 20 de mayo de 1960, el MInisterio de Justicia quedó facultado para realizar, en forma gratuita, inscripciones y transcripciones de nacimientos y matrimonios de parejas que vivían en la situación que hasta entonces llamaban concubinato. Esta ley sirvió de base a la Operación Familia que benefició a unas 400,000 uniones extramatrimoniales y a más de 500,000 niños, y se complementó  con la Operación Bautizo Colectivo para todos aquellos que deseasen participar,  prueba de la buena voluntad y respeto a los creyentes del gobierno revolucionario.

Ya no habría más hijos ilegítimos. El término bastardo desapareció para siempre, como desapareció, también para siempre, la mendicidad infantil. Cientos de miles de padres cubanos comenzaron a tener el derecho de ejercer legalmente la patria potestad sobre sus hijos, ya inscritos en el Registro Civil y bajo el cuidado de padres unidos en matrimonio. Cientos de miles de niños cubanos crecerían sin la vergüenza de ser discriminados, sin el estigma de carecer de un apellido amparado por la ley.

El robo en gran escala de niños a Cuba mediante la Operación Peter Pan, que aprovechó la ingenuidad, la ignorancia o el fanatismo de muchos padres, se prolongó  durante 22 meses y cesó al producirse la Crisis de los Misiles. Estuvo subordinado en todos sus aspectos a un fin politico: la propaganda anticubana. En su ejecución Estados Unidos violó sus propias leyes de inmigración y los principios constitucionales de separación de la Iglesia y el Estado, al entregar al monseñor Bryan O. Walsh la facultad gubernamental de otorgar masivamente visas del tipo “waiver” (volante)  para el ingreso en territorio norteamericano. Las visas eran firmadas en blanco por monseñor Walsh y distribuidas y llenadas en Cuba por organizaciones religiosas y contrarrevolucionarias,  con los nombres de los niños que viajarían.

El éxodo provocado y manipulado de niños se convirtió, además, en negocio productivo para colegios privados católicos y otras instituciones del exilio miamense. Baste decir que, en 1962, el gobierno norteamericano asignó un presupuesto de 38,5 millones de dólares al Programa para Refugiados Cubanos, más de 70 millones para el año 1963 y, además, otras asignaciones provenientes del fondo presidencial para contingencias.

Aún hoy, la mayor parte de los documentos de la Operación Peter Pan que se guardan en los archivos del Departamento de Estado y de la CIA permanecen sin desclasificar. Algún día se sabrá  toda la verdad para vergüenza del gobierno de Estados Unidos y del clero que fue cómplice de la infamia.