Los Refrigeradores Disidentes

Por: Raúl Antonio Capote

Refrigerador 9na BienalAndrea Brouliette Rodríguez, jefa de la Oficina de Prensa y Cultura de la SINA, me prepuso asistir a un evento inusual, quedamos en vernos esa tarde  sábado 1ro de abril en el Convento de Santa Clara, sede del Centro Nacional de Restauración y Museología. Aquello va a estar bueno aseguró. Trancurría la 9na Bienal de la Habana y esa tarde se inauguraría una llamativa exposición, Manual de Instrucción que levantaba una gran espectativa en toda la ciudad.

Manual de Instrucción nació en casa de Mario González, Mayito, cuando una tarde al pintor Roberto Fabelo se le ocurrió decorar su humilde refrigerador con algunos de sus retratos. Después de varias sesiones, la obra estaba terminada pero Mayito se quedó enganchado a la idea y decidió intentar convertirla en un proyecto serio. Primero se dio a la tarea de conseguir unos pocos refrigeradores norteamericanos en desuso, e invitó a varios artistas plásticos a trabajar en ellos. Durante un año, el lugar se transformó en taller y junto a los artistas empezaron a trabajar técnicos en refrigeración y chapistas, pues una de las condiciones del proyecto era que las neveras funcionaran.

 54 refrigeradores norteamericanos anteriores a 1959 intervenidos por 55 artistas cubanos, entre ellos, destacados pintores y escultores como Roberto Fabelo, Nelson Domínguez, Ernesto García Peña, Roberto Diago, Alexis Leyva (KCHO), Ever Fonseca, Ernesto Rancaño, Flora Fong, Eduardo Roca (Choco), Zaida del Río y Agustín Bejarano, esparaban por la opinión del público, que masicamente se concentró en las calles y aceras próximas al Convento de Santa Clara.

Andrea y yo nos encontramos cerca de allí, en la calle Luz, su rostro estaba iluminado por el misterio, más que explicarme que sucedería en la exposición, más bien pensaba en alta voz se pensó al principio en exhibirlos en plena calle, en los Altos de Belén, repetió varias veces, hubiera sido mejor en la calle, pero no importa, se frotaba las manos con satisfacción, será una gran sopresa ,dijo, una gran sorpresa, va a salir bien, va a salir bien. Estaba muy nerviosa y se movía de un lado para el otro, caminaba dando cortos paseos por la acera. La prensa extranjera conmenzó a llegar, tendría mucha prensa Manual de Instrucción.

Cuando se declaró abierta la exposición una marea de gente penetró en el lugar, Andrea me indicó, no entres conmigo, pero mantente visible, no te alejes mucho de mi, estaba feliz, cierta picardía asomaba en su rostro casi perfecto. Entramos al Convento, era dificil abrirnos paso, logré a duras penas llegar al patio central donde se concentraba el grueso de la exposición, era realmente fantástica, la gente se detenía largo rato en cada pieza, los artistas servían vino, refrescos y otras chucherías sacadas de los refrigeradores.

Los viejos electrodomésticos se transformaron en manos de los artistas en soportes de su pintura más reconocible. Otros los transformaron en caja fuerte, en confesionario, en caballo de Troya, en muro del malecón, en ataúd o en librero de barricada, en bote erizado de remos etc.

Por un buen rato perdí de vista a Andrea, cuando la encontré, junto al refrigerador de García Peña, estaba mal, los ojos rojos como de quien ha llorado o ha contenido a duras penas las ganas de hacerlo. Dijo dos o tres maldiciones en inglés, nada correspondientes con su habitual compostura y luego me invitó  marcharnos, esto es una mierda, aquí nada funciona bien, dijo en español, una mierda.

El Ministro de Cultura  Abel Prieto pasó cerca de nosotros acompañado por un grupo de artistas, el ambiente no podía ser mejor, pero Andrea estaba muy furiosa, nunca supe en verdad que esperaba la funcionaria yankee que ocurriera ese día, que plan macabro de deshizo esa tarde, no me lo dijo, se marchó como alma que  lleva el diablo, como diría mi abuela. Alguna acción se había fustrado y los funcionarios estadounidenses, de los cuales pude ver a dos más esa tarde, y algunos conocidos de las embajadas europeas, se marchaban a toda prisa.