Los niños de la guerra

Por: Reyna Luna

Sur de Texas.- ¿Qué quieres ser cuando seas grande? La pregunta es dirigida a un niño de unos ocho años que camina en un centro comercial en McAllen. La respuesta sale inmediata, casi sin pensarla: “Sicario” – ¿Porqué?  -“Para matar a los malos”.

La Organización Panamericana de la Salud considera ya a la violencia como una enfermedad crónica en la frontera entre México y los Estados Unidos. Tan crónica como la diabetes y la obesidad.  La guerra que el gobierno mexicano declaró en el 2006 a la delincuencia surtió efectos que nadie previó y que seguramente nadie deseó pero que ahí están.

Es injusto, pero es como si los niños mexicanos hubieran ido a Irak. Han enfermado con los mismos traumas que sufren los soldados al regresar de la guerra.

Y las agencias de educación y de salud de estados fronterizos, como Texas, empiezan a documentar el problema que muestran los niños que han venido de México, huyendo con sus padres, de la violencia.  María Teresa Cerqueira, Jefe de la Oficina de la Organización Panamericana de la Salud en El Paso va directo al tema: los fronterizos están afectados con estrés traumático, postraumático y depresión.

La situación ha rebasado ya la capacidad de los mismos gobiernos, por ejemplo, en la frontera al norte del Río Bravo, la demanda por recibir atención psicológica se ensanchó inconmensurablemente.

“Necesitamos más consejería y más psicólogos”, urge Cerqueira. Desde hace tiempo -agrega- la violencia psicológica es alarmante.

Las familias mexicanas del éxodo pusieron su integridad física a salvo, “pero psicológicamente, los niños vienen destrozados”, agrega una educadora.  Clara Contreras Coordinadora del “Programa Escuelas Libres y Seguras”de la Región Uno de Educación de Texas-que abarca a todas las escuelas del Valle de Texas- dice que es alarmante lo que está ocurriendo con estos niños.   “Son niños traumados, sin culpa, inocentes y nosotros como educadores, tenemos que buscar la manera de ayudarlos porque esos niños ya están aquí y hay que educarlos”.

Aún estando en los Estados Unidos, los niños sufren al oír cuando los puentes internacionales han sido cerrados, cuando hay balaceras o cuando alguien se refiere  a temas relacionados a la violencia. Cristina Quilantán, reconocida psicóloga infantil que atiende a los niños del éxodo, dice que es muy triste ver el grado de trauma que los niños sufren.

De acuerdo a la experta, los niños están afectados en diferentes aspectos, en lo familiar, en lo social, emocional y físico.  Estos niños no tienen muchas ambiciones. “Temen a la violencia, no terminan sus estudios… dicen que para qué. No tienen metas a largo plazo”. Los niños están angustiados, deprimidos y se están haciendo más agresivos, concluye.

El problema es mayor porque al huir fueron aislados: “Ya no tienen el contacto con sus abuelitos, con sus tíos, son sus primos, con la familia que tenían en México”, agrega Quilantán.

-Qué futuro les espera a estos niños?- pregunta la reportera.

“Lo mejor que les puede esperar es la atención que los adultos les podamos dar. No podemos parar la violencia, no podemos hacer nada acerca de la violencia en la frontera, pero la manera en la que los adultos asimilemos la información y se la expliquemos a los niños eso les va a dar esperanza y valor a los niños”.

Una comunicación directa y con valores de los padres a los hijos, mejoraría mucho la situación, recomienda Quilantán. A su corta edad, estos niños han visto de cerca la muerte y conocen muy bien el significado de secuestros y de extorsiones; han aprendido a diferenciar el ruido de la explosión de una granada al de un cohete común.

EN PUBLICO visitó algunas comunidades que han sido pobladas por los mexicanos del éxodo. Entrevistamos a un montón de chiquillos que jugaban arriba de un trampolín y preguntamos quien sabe el significado de la violencia.

Jonathan Maldonado, de apenas tres años gritó “Yo si sabo” Y con su manita derecha esconde tres dedos… levanta el pulgar y apunta con el índice semejando una pistola… pum! Y todos ríen. Su hermana Jennifer de ocho años, se mete debajo de la cama cuando escucha cualquier ruido fuerte. “Me dan miedo las balaceras… me da miedo, estoy muy chiquita para morir”.

Y es que la violencia les robó la inocencia a estos niños que, o fueron víctimas, o atestiguaron escenas violentas en la calle, en la casa, en la televisión, el internet o hasta en la misma escuela. Esa violencia del narcotráfico ha traído un nuevo problema a las escuelas de Texas y son las enfermedades mentales, los traumas que ahora sufren los niños que vivieron de cerca la guerra del gobierno de México en contra del narcotráfico.

Lo que se ve que ocurre en Irak o Afganistán, está ocurriendo en la frontera. “No es precisamente una guerra, pero el trauma es el mismo”, dice Contreras.

(Tomado de enpublico)

 

2 comentarios en “Los niños de la guerra

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