Una Revolución al servicio de la humanidad

pioneros cubanos

Por: Cesar García Cruzado

pioneros cubanos

Definitivamente la Revolución Cubana es todo un acontecimiento trascendental en la historia de la humanidad por su emancipación y bienestar. Es la más completa y vigorosa movilización de libertad y justicia desarrollada en América que supera sin exageración alguna a la Revolución Mexicana de 1910. Es la nación cubana, al fin, conquistando su liberación nacional al sacudirse del colonialismo español y posteriormente del neocolonialismo yanqui. Nacionalizando sus grandes empresas castiga y echa fuera la rapiña imperialista. Es el campesino que con su acceso a la reforma agraria cierra el largo y tenebroso capítulo  de la tiranía para inaugurar el nuevo y luminoso capítulo de la democracia multitudinaria y participativa. Los grupos de poder no existen.

Son muchas las adversidades y vicisitudes las que ha enfrentado la revolución durante cinco décadas en la tarea de avanzar en la construcción de la nueva sociedad, situaciones difíciles creadas y profundizadas por la furia y el revanchismo del bloqueo norteamericano. Pero estos desafíos expresados en cada batalla heroica contra las fuerzas oscuras no pueden detener la digna marcha revolucionaria.

Igualmente son innumerables las conquistas y victorias de la población antillana sobre las limitaciones y dificultades en las que actúa. La humanidad que siente crudamente las secuelas brutales de un sistema antihistórico y carente de perspectivas decorosas para las grandes mayorías como es el capitalismo, contempla maravillada la Revolución Martiana como la esperanza del nuevo mañana. Los penosos fenómenos del analfabetismo, desempleo, hambre y elevada mortalidad infantil han sido erradicados en Cuba. Este gélido drama social que se cierne como sombra gigante sobre el tercer mundo ha sido combatido gracias a un nuevo modelo económico y a una nueva visión política que tiene como eje imprescindible el bienestar general. No el saciar la avaricia de unos cuantos potentados. Fue gracias al trabajo entusiasta y coordinado de gobierno y pueblo. Fue también a esa indomable voluntad de lucha y alta conciencia política de toda una nación.

 Una sociedad en la que los pobres mueren lentamente al no disfrutar de la alimentación, la salud, la cultura y la recreación porque estos derechos se alcanzan con dinero, no es una sociedad democrática. Es la sociedad que todo lo monetariza. Es la dictadura asesina del capitalismo que niega a los humildes la felicidad.

Mencionar todas las obras realizadas por el socialismo cubano durante 50 años, tomaría también 50 años, porque son muchísimas las proezas desarrolladas en bien de todo un pueblo y de otros pueblos. Sin soslayar y minimizar las otras tantas hazañas de todo tipo destacaremos por su profesionalismo y humanismo sus notables éxitos en salud y educación.

 Con respecto al sistema de salud, Cuba Socialista brinda el servicio más democrático del planeta. Y esto no es ninguna hipérbole. La prueba más contundente está en que ese servicio llega a las multitudes como uno de sus más sustanciales derechos humanos sin los obstáculos impuestos por falta de dinero para acceder a una consulta, fármaco, operación, etc.

 Evidentemente la salud en la isla es un deber ineludible para el gobierno revolucionario, y un derecho  plenamente alcanzado por sus ciudadanos. La medicina está al servicio del hombre y no a la inversa. Acierto extraordinario de la revolución es “El médico de la familia”, plausible mecanismo  que atiende la enfermedad de cualquier miembro de la familia en su propia vivienda.

Pero, eso no es todo, lo más grande y digno de encomiar es cuando la revolución abre sus brazos para brindar su apoyo a sus hermanos de otros rincones del mundo en materia de salud y educación. Vale decir, recoge y aplica la concepción martiana de que la patria es la humanidad.

Así esa Cuba, movilizando por muchos países hermanos su ejército médico, contribuye con la excelsa tarea de remediar y combatir las huellas pálidas de la muerte sobre mucha gente sencilla que no acceden a la medicina por haberse convertido ésta en una lucrativa mercancía y no en un servicio ético y noble. Lo hecho con el pueblo peruano durante el terremoto de 1970, el socorro brindado al pueblo de Haití, la ayuda practicada al continente africano, son sólo algunas muestras de amor universal que escribe la revolución frente a la actitud hitleriana de hegemonía mundial del imperialismo norteamericano.

Muchas personas, conducidas por sus dolencias al embrión del nuevo mundo que  Cuba sigue constituyendo, han sentido el calor de sus hospitales y personal médico curando sus males. Una maravillosa cátedra de humanismo dictada a los compadres de la muerte que, comercializando elevadamente la medicina, hacen del dolor humano  su fuente de jugosas ganancias. Hasta aquí las bondades del sistema de salud cubano y su proyección internacional.

 Otro de los logros de la revolución es su educación. La dictadura capitalista con su monstruoso modelo económico genera no solo pobreza, hambre, enfermedad y muerte. Genera también, de hecho analfabetismo. Este fenómeno político-social es cultivado de manera sutil mediante procedimientos básicamente  económicos por los gobiernos burgueses en las masas obreras y campesinas. También se propicia la ovejuna conciencia apolítica para mantener y multiplicar los grandes beneficios que esto genera a los poderosos que parasitan en las sociedades. Por eso, Cuando las multitudes adquieran conciencia total de una realidad de opresión y afrenta a su dignidad y se levanten de su letargo marchando heroicamente hacia ese Nuevo Amanecer por el que lucharon José Martí, José Carlos Mariátegui, Salvador Allende y otras lumbreras, toda la podredumbre del capitalismo estará sepultada.

 Esto es precisamente, lo que los gobiernos serviles a los grupos de poder tratan de evitar, que el pueblo pobre y sobre explotado se concientize, se politice. Nuevamente la Ley del dinero que rige de manera omnímoda en las sociedades “democráticas” se manifiesta en la educación negando este valioso derecho a los hijos del pueblo. Una muestra concreta de esta inicua realidad es que el acceso de los pobres a la alta cultura, a la universidad es bloqueado con múltiples maniobras como: costo de la matrícula, libros, gastos adicionales, etc.

Estos gastos deben ser asumidos por el Estado y no por los estudiantes pobres quienes con su endeble economía no logran ingresar a la Universidad. Y quienes si consiguen ingresar, ante la crisis económica de sus respectivos países, reflejada en el presupuesto familiar, optan por abandonar el claustro universitario. Este censurable fenómeno de la deserción estudiantil no solo se da en la Universidad. También se da en la enseñanza primaria y media. Otra de las tantas libertades ignorada a los hijos del pueblo: la libertad del conocimiento. Allí está la deserción estudiantil castigando crudamente a la niñez y a la juventud. Allí está la educación comercializada  por los tiburones capitalistas.

La educación que alcanza únicamente para unos cuantos acaudalados, es una educación elitista, una educación burguesa. Por el contrario, la educación que llega a toda una población proyectando su luz libertadora y su ideal universalista, y al mismo tiempo rompe el mercantilismo y la antipatía por los movimientos sociales del pueblo oprimido es una educación verdaderamente democrática.

 El socialismo cubano no solo produjo un cambio radical en el sistema de salud; produjo también una transformación en la esfera de la educación. Lo democratizo. Puso su sistema educativo al alcance de todos sus ciudadanos y de manera gratuita desde la enseñanza primaria hasta la Universidad. Esto explica por qué Cuba es hoy uno de los pueblos más cultos del orbe. Uno de los pueblos donde no predomina el analfabetismo suicida. El pueblo con la más potente cultura general y política, base de su liberación popular y nacional.

Y más aún, el socialismo cubano impregnó a su sistema educativo de muchas dosis de solidaridad internacional abriendo las puertas de sus universidades a muchos jóvenes de América, África, etc. Jóvenes que recibieron y siguen recibiendo en sus centros de enseñanza una sólida preparación sin pagar un  centavo. Hermoso gesto de la revolución cubana que deberían imitar las potencias industrializadas. Preciosa lección de generosidad por la juventud del tercer mundo.

Mientras el norte industrializado con EE.UU. a la cabeza auspicia en el mundo el neoliberalismo  criminal sembrando amarguras y penurias, Cuba impulsa su revolución social y humanista sembrando su cooperación en salud y educación con los pobres de la tierra. Esta es Cuba, siempre liberadora, fraterna y solidaria. Esta es la revolución tantas veces escupida y satanizada por las huestes de la rapiña y la muerte. Esta es la revolución que, al cumplir 53 años de fecunda existencia, la historia una vez más aprueba y congratula. Esta es la revolución de los hijos de Martí por la humanidad y para la humanidad.