EL CAMAJAN QUE SOÑÓ SER PRESIDENTE

Raúl Antonio Capote

Daniel, Robin y Vladimir (Moisés Rodríguez)

Daniel, Robin y Vladimir (Moisés Rodríguez)

Es el 5 de agosto de 1994, un grupo de elementos antisociales escenifica hechos de violencia en zonas cercanas al hotel Deuville en Centro Habana. Rompen vidrieras, saquean, lanzan improperios, amenazan a la gente. Entre los gritos y las intimidaciones, se mezclan consignas contrarrevolucionarias, agreden a la policía y ha cuanto transeúnte se interpone en su camino.

Son días difíciles, la economía cubana toca fondo, a la cada vez más dura guerra económica llevada acabo por el gobierno de los EEUU, se suma la pérdida de los principales mercados y fuentes de materias primas con la desaparición del Campo Socialista y principalmente la URSS. Solo un país unido, revolucionario, valiente e inteligente puede enfrentar el reto y salir vencedor. Ese país es Cuba.

La muchedumbre atrae curiosos que se congregan en la zona. El pueblo  sale a combatir a los antisociales. La ley de ajuste cubano, que otorga la residencia a todo cubano que llegue a territorio estadounidense, privilegio único que se esgrime como arma contra la Revolución, unida a la gran propaganda incentivando las salidas ilegales, ha creado una seria crisis. En esos días ocurren secuestros de embarcaciones, salidas de balseros por el litoral etc., Eso convierte a la zona próxima al Malecón en un área inestable.

La prensa extranjera y las principales emisoras anticubanas se hacen eco de los sucesos en torno al Deuville, se habla de una gran protesta contra el gobierno, de manifestaciones, de una gran muchedumbre airada que pide la caída de la Revolución. Nada más lejos de la realidad, pero ya sabemos cual es el patrón de esa gran prensa, se miente, se engaña a la opinión pública, se intenta fabricar un incidente para agredir a Cuba.

En casa de Elizardo Sánchez Santacruz suena el teléfono, Moisés Rodríguez, uno de los adláteres del Camaján, levanta el aparato -eufóricos le gritan- es una llamada de Miami, “Oigan se cayó el gobierno” Moisés queda atónito, espera unos segundos para recuperarse del impacto de la noticia, luego le pasa el teléfono al Camaján.

Están todos de  fiesta, de Miami le dicen que corra a ponerse al frente de los manifestantes, que asuma su posición de Presidente de Cuba. Raudos se montan en los autos y parten en dirección al Deuville. Moisés, está sumamente preocupado, no sabe que hacer en esos momentos. Elizardo está feliz, ya se imagina presidiendo el gobierno provisional y luego la república, su pecho se ensancha, una gran sonrisa se dibuja en su cara. Llevan una  bandera cubana por fuera del auto.

Pero la alegría dura poco, al cruzar el túnel de 5ta avenida, se encuentran con un grupo importante de manifestantes, es gente de pueblo, revolucionarios que dan vivas a Fidel. Tratan de pasar inadvertidos, pero la masa los identifica y les cierra el paso, les gritan consignas a favor de la Revolución, al ver al Camaján  le llaman vendido, escoria, gusano. El Camaján se muere de miedo, ordena  regresar, giran en redondo y emprenden vergonzosa retirada.

Al llegar a la casa encienden el televisor y se enteran que el pueblo ha enfrentado a los traidores, les ha hecho retroceder. No ha  intervenido la policía, no se dispersa a la multitud con chorros de agua, no se lanzan bombas sónicas, Desde el año 58 no se utilizan  fuerzas antimotines en nuestro país, ha sido el pueblo una vez más quien ha encarado a los provocadores, a los antisociales cuyo único merito fue romper vidrieras y robar.

La  TV presenta la imagen del Comandante en Jefe en medio de la multitud. Fidel ha acudido al lugar más álgido del incidente, se ha puesto al frente del pueblo y los gritos de viva Fidel opacan cualquier otro sonido. Las caras largas de los contrarrevolucionarios lo expresan todo, el Camaján  contempla la emisión televisiva, con mal reprimida rabia.

Hay un solo hombre feliz en el grupo, Moisés Rodríguez, que ha tragado el buche más amargo de su vida cuando recibió la llamada de Miami, pero que ahora tiene que hacer un gran esfuerzo para controlar su alegría.

Mientras Elizardo ve evaporarse una vez más sus sueños de gloria y poder, Moisés, el agente Vladimir para los Órganos de la Seguridad del Estado cubano, es el hombre más feliz del mundo.

Vladimir, que escogió su seudónimo en honor  a la escuela donde estudió, la  popularmente conocida como  “Lenin” no ve  la hora de encontrase con sus compañeros de la Seguridad y sacar balance de lo ocurrido ese día y festejar, como no, esa nueva victoria.

Moisés Rodríguez es un hombre callado, de una modestia infinita, un combatiente cubano que estuvo 27 años sirviendo a la patria desde el silencio. La Revolución le encomendó convertirse en la sombra del Camaján y el cumple la tarea con la disciplina y la entrega que le caracteriza, 10 años vive junto a este connotado traidor a su pueblo, incluso guarda prisión durante dos años. Es considerado un contrarrevolucionario y recibe la repulsa de su gente, que hoy conociendo la gran labor desempeñada, este pueblo que ha hecho de la heroicidad algo cotidiano, le reconoce como uno de sus hijos predilectos.

 

5 comentarios en “EL CAMAJAN QUE SOÑÓ SER PRESIDENTE

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