Entrevista realizada a Raúl Capote por Enrique Ubieta 1ra parte.

Raúl Antonio Capote: un hombre libre que escribe y enseña para hombres libres 

Publicada el 8 de abril del 2011 en el blog La isla desconocida y la Revista la Calle del Medio.

Raúl Antonio Capote

Esta conversación transcurre en el pequeño apartamento del Vedado donde vive con su esposa y sus tres hijos. Faltan unos días para la proyección en televisión del capítulo perteneciente al serial documental Las razones de Cuba, donde se revela su identidad de agente secreto de la Seguridad del Estado. Para el Gobierno norteamericano, aún es el agente Pablo de la CIA. Días después de la revelación pública, llegarán todavía a su casa emisarios despistados en busca de información de inteligencia: a una agente peruana que lo visita, le dice que se prepara una gran manifestación para el 16 de abril. Se entusiasma. “Pero a favor de la Revolución”, aclara. Ni siquiera sabe lo que ocurrió ese día de 1961. Capote, paciente, le explica. Ella no sale de su asombro, llega a pensar que se equivocó de casa. Se despiden: “usted ha conocido a un revolucionario cubano”, le dice.

Empecemos contándole a los lectores de La Calle quién es Raúl Capote: ¿cómo llegas a la literatura, qué estudiaste, de donde surge tu vocación, cuando te diste cuenta que podías ser o que querías ser escritor?
Creo que siempre quise ser escritor. Esa era mi vocación desde niño. Después llegué a los Talleres Literarios que fue un movimiento que tuvo en Cuba una importancia tremenda, existen detractores y defensores de ese movimiento, pero realmente permitió que mucha gente lograra entrar al mundo literario y que pudiese compartir con autores consagrados. Muchos escritores de los 90 fueron fruto de esos talleres y si algunos no llegaron a convertirse en poetas o narradores el impacto que tenían esos encuentros sobre la formación cultural de esa generación fue importante. Yo nací en La Habana, siempre me gustó leer mucho, soy una especie de cazador de libros, no hay nada que me agrade más que encontrar un libro raro, una joya literaria difícil de encontrar, nada que supere para mí el placer de leer un buen libro, la lectura me llevó a la escritura de forma casi natural.
Nací en La Habana pero donde me formé de verdad como escritor fue en Cienfuegos, en especial en Cruces, de la mano de un excelente promotor cultural y amigo entrañable, Rigoberto Ortiz. Me fui a trabajar a esa provincia con 20 o 21 años. Había hecho un técnico medio en Oceanografía, una cosa a la que después nunca me dediqué, no por que no quisiera, sino porque no encontré nunca trabajo en esa especialidad, pensé entonces que en una ciudad de mar como Cienfuegos nunca faltaría espacio para un oceanógrafo, pero no fue así. Yo estaba vinculado a la Asociación Hermanos Saíz, en esa época mayormente escribía poesía, pero hacía algunos cuentos, y empecé a asistir al taller literario de Cruces, pueblo de mi padre y abuelos, donde residí por 8 años. El Taller Literario de Cruces era muy bueno, los debates eran fuertes y existía mucha competitividad, compartí allí con escritores que estaban comenzando pero que después se destacaron, como Jesús Candelario, magnífico poeta,  un gran polemista literario, como Donoy Arrechea,  Judith Martín y muchos otros que guiados por Rigoberto acaparaban la mayoría de los premios en los Encuentros Provinciales de Talleres Literarios. Coincidí en tiempo y espacio con Amir Valle el primer Amir Valle, como digo yo, que es de esa época–, con varios cienfuegueros buenos escritores como Alfonso Roque, Rogelio Riverón, Miguel Cañellas, Marcial Gala  y muchos otros, éramos un grupo de muchachos jóvenes a los que nos interesaba la literatura y que encontramos en Cienfuegos un buen espacio para desarrollarnos. Y bueno, estuve en todo aquello de la creación de la Asociación Hermanos Saiz, de la que fui su vicepresidente en Cienfuegos. Durante muchos años fui parte del equipo de trabajo de la Asociación. Me siento tan habanero como cienfueguero. Allí viven muchos de mis mejores amigos, mis hijos nacieron allá, mi esposa es cienfueguera.
Soy de los escritores del Período Especial, cuando llegué en los 90 al momento en que debía publicar cesaron las posibilidades, mi primera publicación fue una plaquette, no sé si recuerdan las plaquettes aquellas, las hojitas sueltas dentro de una cubierta de cartón. Fue un libro de cuentos que titulé Para divagar mientras llueve, ahora jamás utilizaría ese título, pero bueno así se llamó. Después en el año 1996 gané el Premio Calendario de la Asociación en narrativa. Publiqué una novela en Letras Cubanas en 1998, El Caballero Ilustrado y ya la siguiente fue El adversario con Plaza Mayor, mi última novela. Eso es lo que tengo publicado y lo que la gente más conoce, sobre todo El Adversario, porque fue Plaza Mayor el editor y se le hizo mucha promoción al libro en su momento, y bueno las cosas que tengo escritas que no he podido ni he querido todavía publicar,  también aparecen cuentos míos en numerosas antologías tanto en Cuba como fuera de Cuba.
Siempre pensaste en ser escritor¦ ¿Por qué estudiaste oceanografía?
Bueno, después del preuniversitario, pasé los 3 años del servicio militar y al terminar, lo único que apareció para estudiar fue eso. Era joven, aquello era atractivo, tenía que ver con el mar. Pero a mí lo que siempre me ha gustado es la historia y después busqué la manera de llegar a ella y llegué. Empecé a dar clases en una secundaria básica como profesor, para poder entrar a la universidad. No fue posible en Historia, entré por arte y me gradué de artes plásticas, que me gustaba muchísimo también y entonces hice la Maestría en Historia. Siempre pensé en dar clases como profesor. Y tuve la suerte de quedarme como tal en la universidad al graduarme.
¿En cuál universidad estudiaste?
En el la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique J. Varona. Antes de graduarme empecé a trabajar, se necesitaban profesores y yo solicité un ajuste de programa, la carrera duraba 5 años, y la hice en 3, una cosa bastante difícil pero logré hacerlo, terminé con 5,25 de promedio y fui título de oro, hice una oposición y me dieron la plaza en la Universidad. Cuando empecé, me faltaban meses para graduarme. Después hice la Maestría en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales en la Universidad de La Habana.
¿Dónde conociste a tu esposa?
En Cienfuegos. Éramos un grupo de gente joven en una ciudad “joven”, teníamos millones de posibilidades que probablemente no existían en La Habana en ese momento. Podíamos hacer de todo, teníamos absoluta libertad para desarrollar proyectos, hacer radio, televisión, teatro, artes plásticas, de todo, estaba la Central Electronuclear en construcción, que era también un mundo que se abría porque estaba lleno de gente de todas las provincias, con intereses de todo tipo. Éramos un poco el centro de casi todo lo que se hacía en la ciudad. El punto de reunión en ese momento era la Casa del Joven Creador, que se llenaba los fines de semana de estudiantes universitarios, y en ese contexto la conocí.