USA: UN SISTEMA ADVERSARIAL DE JUSTICIA

Dr. Salvador Capote

Department of Injustice
Department of Injustice

El sistema legal en Estados Unidos es extremadamente adversarial, es decir, la función del fiscal es hacer todo lo que esté a su alcance para obtener la condena del acusado, mientras el abogado defensor  hace todo lo posible para que su defendido resulte absuelto o con la menor pena posible. En este sistema de adversarios,  por tanto, donde la meta no es la justicia sino ganar el pleito, un buen abogado es imprescindible.

Este fue el fundamento de la Corte Suprema de Justicia, en “Gideon v. Wainwright” (1963) al decidir unánimemente que en base a la Sexta Enmienda de la Constitución, los tribunales tienen que proporcionar ayuda legal a los acusados que no puedan pagar su propia defensa, porque sin abogado defensor no es posible, obviamente, un juicio justo. Este fue un momento de luz en el sistema de justicia lleno de sombras de Estados Unidos.

Lamentablemente, casi medio siglo después, podemos constatar que la decisión del Supremo quedó, en el mejor de los casos, como una buena intención, pero ha sido en la práctica una burla del derecho de los pobres a reclamar justicia.

Cuatro de cada cinco acusados son pobres y necesitan de ayuda legal. Sin embargo, la presión de políticos ultraconservadores, renuentes a la utilización de fondos estatales o federales para pagar la defensa de los que consideran presuntos culpables, y los obstáculos y restricciones cada vez mayores a los recursos de apelación, han convertido en mito el derecho de todo ciudadano a una defensa adecuada dentro del sistema criminal.

En los últimos años, la sobresaturación del sistema judicial, que determina que los tribunales no den abasto con el número de casos pendientes -y recordemos que Estados Unidos es el país del mundo con mayor población penal-, disminuye más aún, para el que carece de recursos, la posibilidad de una buena defensa. En la abrumadora mayoría de los casos, un abogado recargado de trabajo y poco competente, después de una breve entrevista con su “defendido”, le recomienda a éste declararse culpable (aún siendo inocente) y recibir a cambio una condena menor. Y en las circunstancias actuales es ciertamente lo mejor que puede hacer, pues si decide ir a juicio, con una pobre defensa frente a un fiscal con mayor motivación, recursos y experiencia, la condena es prácticamente segura.

En el argot de los tribunales es común  escuchar la frase “sleeping lawyers” (abogados durmientes). Se refiere a los defensores de oficio que con frecuencia se quedan dormidos mientras celebran el juicio a sus defendidos.  No hay que culparlos demasiado. Se conoce de algunos que han tenido que preparar la defensa  de más de 200 casos en un año, es decir, en menos de dos días para cada uno. Son tantos los que tienen que atender que no es raro que confundan los argumentos  de un caso con los de otro. En algunos estados, a falta de abogados en la rama criminal, han tenido que contratarlos en la rama civil, cuya experiencia es completamente diferente.

El sistema de justicia de Estados Unidos está diseñado para la defensa de los ricos. Mientras más dinero alguien tiene, mejor defensa puede comprar. Es posible que algún abogado altruista ponga todo su empeño en la defensa de un inocente sin recibir pago alguno, como el abogado norteamericano Leonard Weinglass, defensor abnegado de todas las causas justas, entre ellas la de los cinco héroes cubanos prisioneros en Estados Unidos, a quienes defendió hasta su muerte el 23 de marzo de 2011, pero  estos casos, aunque muy meritorios, son excepcionales. Además, una buena defensa no depende solamente de la calidad humana del defensor,  sino también, y en sumo grado, de los recursos materiales que éste tenga a su disposición para contratar investigadores, expertos,  ayudantes, y para gastos de oficina, comunicaciones, relaciones públicas y transporte, y depende también de los intereses políticos y económicos  que se mueven en contra.