La industria del terror

Para la Opinión del Día, Dr. Salvador Capote

En el mes de noviembre se cumple un aniversario más del asesinato en New Jersey, de Eulalio Negrín Santos, en presencia de su hijo de doce años de edad. Motivo: trabajar por el levantamiento del bloqueo y la reunificación familiar.La extrema derecha cubano-americana posee una larga y cruenta tradición  de intolerancia, extremismo, procedimientos inquisitoriales y maniqueismo. Si hacemos un breve recuento de las principales acciones terroristas, aún limitándonos a las que se realizaron dentro del territorio de Estados Unidos y sólo en el capítulo de los atentados a la libertad de opinión, la lista es tan impresionante, que no hay forma de sobrevalorar la peligrosidad de esta mafia, no por grotesca menos temible.

Recordemos solamente los asesinatos de Luciano Nieves Mestre, de Carlos Muñiz Varela y del ya mencionado Eulalio Negrín Santos; el atentado mediante el cual el comentarista radial Emiliano Milián perdió ambas piernas a causa de una bomba colocada debajo de su automóvil; el incendio provocado y la casi una docena de bombas que impidieron que la revista Réplica continuara su publicación; la potente bomba que estalló en 1990 en el exterior del Museo de Arte Cubano Contemporáneo, a causa de la exhibición de obras de pintores cubanos residentes en la Isla; y la guerra que en abril de 1992 Jorge Mas Canosa declaró al Miami Herald por críticas del diario a la Fundación.

La extrema derecha de Miami ha logrado excluir poco a poco de los medios de comunicación, a los periodistas que, como Jim De Fidde recientemente, han cometido el pecado de expresarse con criterio propio. Directa o indirectamente, se intimida a los posibles anunciantes y se acosa con bancos telefónicos, a los pocos medios alternativos que la industria del terror no ha podido callar. En consecuencia, no son pocos los que se pliegan por temor a perder sus empleos o la posibilidad de ascenso en la vida social, sin tener en cuenta que el suicidio del periodista es el silencio, porque deja de serlo cuando calla por interés o por miedo.
Hace algún tiempo ya que no hay bombazos en los ghettos cubanos de Estados Unidos, es cierto. No podia ser de otra manera después del once de septiembre. Pero contra los asesinos de Luciano Nieves, de Carlos Muñiz, de Eulalio Negrín, y de tantos otros, no se ha hecho justicia todavía; decenas de conocidos terroristas se pasean impunes por las calles de Miami. Luis Posada Carriles, el Decano del terrorismo, es protegido de manera escandalosa. A pesar de la decisión del Tribunal de Atlanta anulando la sentencia, se mantiene presos a cinco cubanos inocentes; para satisfacer miserables objetivos políticos, se le impone a toda la comunidad cubana, medidas que aumentan la división, la separación y el dolor de las familias.
Con esta atmósfera de intolerancia, odio e irracionalidad, no es de extrañar que Miami tenga conquistado, de modo permanente, uno de los primeros lugares entre las ciudades más pobres, de insignificante vida cultural, y de mayor tasa de criminalidad en todo el territorio de los Estados Unidos; y que el afán de lucro, la ineficiencia o el capricho, de un monopolio eléctrico, la puedan convertir, como ahora, en ciudad muerta.

31/10/2005

12 comentarios en “La industria del terror

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