Brigada Martha Machado: Los reparadores de sueños

Robert L. Stevenson la describió como la Isla del Tesoro, hermosa, llena de historias y leyendas, la isla se yergue al sur del caimán mayor. Joya de  piedra sólida de mármol y suave y dulce  fruta de la tierra, lo mejor  es su gente.

Uno puede imaginarla, sentirla antes de llegar a sus costas, uno puede soñarla a partir de las historias que cuentan sus visitantes, pero la realidad siempre  va a sorprender. Tierra de pioneros, de gente emprendedora y noble, ni el ciclón, ni la desidia de algunos lograron borrar la inconforme tesitura de sus empeños.

Allí  vivieron los más grandes hombres de Cuba, uno fue a reponerse de las heridas del presidio político otro fue a sufrirlo. En los dos lugares estuvimos, es imponente ver desde la finca El Abra las montañas que un día contempló Martí, es imponente contemplar las piedras, mirar al mismo horizonte a donde Fidel y sus compañeros moncadistas intentaban llegar, para hacer  realidad un día la república con todos y para el bien de todos.

Fuimos con la brigada Martha Machado, la brigada de Kcho y tantos artistas e intelectuales revolucionarios, gente joven, profundamente solidaria, hombres nuevos. La misma brigada que fue a Haití después del terremoto,  la misma de cuando el huracán Gustav, los reparadores de sueños. Les acompañamos a todo lo largo y ancho de la isla, los habitantes de la Reforma, Gerona, Julio Antonio Mella, la Fe, Cocodrilo, la Demajagua, etc. fueron testigos de la obra de amor de esos jóvenes, se deleitaron con las maravillas de la Andariega, grupo muy profesional de niños camagüeyanos, con los muchachos del circo, con los jóvenes del grupo  la Chinche, con la Tropazanco, con Polito Ibáñez, con Carlos Mentepollo y Roberto, con la gente de Palmas y Cañas, Ernesto Rancaño el  destacado artista plástico y muchos otros. Fidel nos acompañó todo el tiempo.

Visitamos comunidades campesinas, poblados, centros de trabajo lugares donde la brigada actuó, sitios donde se modernizaron  las salas de video para mejorar la vida de los pineros. Donde se entregaron herramientas y otros medios para mejor trabajar la tierra. Intercambiamos con sus hombres y mujeres, conocimos a sus Diputados a la Asamblea Nacional, a sus Delegados del Poder Popular, a sus líderes, compartimos con gente muy humilde que ama su tierra profundamente.

Desde ahora nos declaramos hijos de la Isla del Tesoro, la de la Juventud, la de José Martí y Fidel Castro, la de la gente noble y educada, amantes soldados de esa tierra y siempre que nos convoquen al trabajo por ella, allí estaremos.

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