La disidente cultura cubana

Comúnmente se definen las guerras culturales como un tipo de enfrentamiento histórico, en el campo de la ideología, que escoge como campo de batallas el de las artes y la literatura. Sin embargo es en el terreno de la axiología donde se desarrollan las batallas culturales cardinales, los valores condicionan las actividades prácticas de los seres humanos, su militancia o indiferencia, su capacidad de resistencia o rendición, su pertenencia o no a un determinado partido político, su postura ante la religión y la filosofía.

El capitalismo construye y alienta enjambres de compradores compulsivos, que se creen informados y libres. Para ellos se crea un mundo virtual de colores brillantes. Bob Dylan describe muy bien ese mundo en “El callejón de la desolación” Todos tocan silbatos de juguete/ tú puedes oírlos silbar/ si asomas la cabeza hacia afuera del callejón de la desolación/ donde flotan adorables sirenas y nadie tiene mucho que pensar/ Jimi Hendrix habla de personas que viven en colmenas de cemento incoloro, esclavizándose por el último dólar. Sólo poseen la libertad que son capaces de pagar, nada tienen o lo tienen todo, pero nada les pertenece, ni el alma hipotecada a los bancos.

El poder global capitalista, interfiere en la construcción de valores mediante los medios transnacionales del cine y la TV fundamentalmente. Ese mundo virtual, esa luminosa fábrica de quimeras, es el arma principal que utilizan para lograr el propósito de dominio, ese es el mundo que nos “venden” sus poderosas cadenas de TV y Cine, sus trasnacionales de la información, sus medios masivos de difusión. No se puede negar la eficacia de su gestión, los magos del consumo y la banalidad, producen por miles programas entretenidos, absurdos en su medianía, pero atractivos para seres con el gusto deformado o formado para asimilar esa rutilante bazofia. Al preguntarle a un adolescente cubano, decidido seguidor de programas como Doce Corazones y Sábado Gigante, la causa de su adicción, dijo “porque son muy divertidos y bonitos”, y nuestra televisión, pregunté “Ah, es muy seria, todo lo quieren explicar”.

A todo lo largo y ancho de la isla se venden en las calles, cientos de CDs y DVDs cargados con esos productos triviales, decenas de juegos de computadora, filmes que alaban y ponderan el modo de vida capitalista, juegos y películas que falsifican la historia, que disminuyen el valor de los pueblos situados al sur. ¿Dónde está la contrapartida eficiente a esa avalancha de mal gusto? Está al alcance de la mano, bien cerca, en un pueblo culto, con una rica tradición, creador, inteligente solo hay que promoverla, protegerla, apoyarla, desarrollarla.

No acostumbro a hacer de la televisión nacional el tiro al blanco, creo que poseemos una buena televisión, pero no es suficiente, hay capital humano para ser cien veces mejores y nos quedamos a años luz de los que podemos lograr. Hablar de la literatura, del cine y de las artes en general, haría demasiado largo este escrito. ¿Por qué promover los valores de la cultura capitalista? ¿Por qué exaltar el hombre “ganador” egoísta, capaz de pasar sobre todo y de todo con tal de llenar de monedas sus arcas? ¿Por qué no enaltecer los valores del héroe cotidiano, de ese cubano de a pie que es ejemplo de resistencia, solidaridad e hidalguía? En Cuba abundan esos hombres y mujeres.

Esta es una guerra que transcurre en la mente de los hombres. En ella se han dado derrotas y victorias importantes, sin necesidad de mover un soldado, ni disparar un misil. El fuego de esta guerra, nos rodea e integra nuestras vidas.

La Revolución Socialista de Octubre en Rusia, representó en el siglo pasado, la victoria del humanismo en su expresión más alta, la cultura socialista. Sin haber terminado el siglo XX la derrota del Socialismo Real significó una victoria de la cultura capitalista. Fue en el campo de las ideas en el que vencieron, cuando el socialismo este europeo, desprovisto de su esencia creadora y humanista, fue incapaz de desarrollar una auténtica y creadora cultura que contraponer a la seudo cultura que genera el poder global.

Para los intereses restauradores del capitalismo en la isla, es ideal el enfoque apocalíptico que extrapola la experiencia fallida del socialismo en Europa del Este, sus defectos y errores, a la experiencia socialista cubana, exponiendo la idea de que estamos en presencia de males incurables, congénitos del sistema. Nada más lejos de la verdad.

La Revolución triunfante en 1959 fue el hecho cultural más importante en la Historia de Cuba, significó el colofón de cientos de años de lucha, la derrota de la contrarrevolución heredera del autonomismo, el anexionismo y el capitalismo dependiente.

Estamos en medio de una guerra de reconquista regida por adversarios que no se detienen ante nada, que usan la mentira desenfadadamente, la calumnia, el engaño. Es además una cruzada financiada y promovida desde el exterior. El objetivo de nuestros contendientes, no es confraternizar, ni buscar la verdad, los pro capitalistas disfrazan la intencionalidad subversiva de sus propuestas con terminologías de diálogo, de concertación, pero no nos llamemos a engaño ellos quieren el poder.

La cultura cubana, creadora desde su esencia, basada en la solidaridad, capaz de alumbrar individuos dotados de un altruismo y una entrega al prójimo inédita en el mundo de hoy, -ejemplos sobran-, tiene la capacidad suficiente para enfrentarse a la seudo cultura del gobierno global. Es disidente, a escala global como contra cultura que se enfrenta a la oficial dominante capitalista. Según el Dr. Enrique Ubieta “Un gobierno revolucionario es de hecho un gobierno disidente, aunque un gobierno revolucionario como poder pueda burocratizarse, producir valores opuestos a los que proclama o desea” ejemplo Europa del Este y el Socialismo Real, donde se olvidaron valores esenciales del socialismo y se lanzaron a la carrera del consumismo y el egoísmo. Cuba disiente como proceso Revolucionario, con sus valores que la caracterizan y diferencian.

El sistema capitalista hoy, en el punto bajo de su ciclo, se define por la banalización del arte, la agresividad, el conservadurismo de las costumbres y una filosofía de vida pesimista. La tentación del consumo es fuerte. El socialismo busca la satisfacción de las necesidades del hombre, incluidas por supuesto la materiales, pero la locura del consumismo conduce al egoísmo propio de la sociedad capitalista.

La cultura cubana es una cultura disidente que se enfrenta a brazo partido con la cultura oficial capitalista, es la cultura de la solidaridad, de la igualdad, del humanismo, de la tolerancia, de la defensa de la naturaleza, es una cultura que sitúa al hombre en el centro, contra la ruindad y el consumismo desenfrenado del sistema capitalista mundial.

Siempre que preservemos los valores que nos distinguen, la Cuba revolucionaria nacida de las luchas por la independencia y la soberanía nacional prevalecerá sobre la Cuba de los ricos y poderosos, la Cuba revolucionaria, mestiza, martiana, libre y soberana, prevalecerá sobre la Cuba de los congresistas cubano americanos, sumisa y dependiente que odia a la “turba mulata”, concepto de pueblo que no distingue a los cubanos por el lugar donde viven sino por el color de la piel, el dinero en el banco y la prosapia.