Vicky: tacones lejanos

Por Jorge Wejebe Cobo

La menuda Vicky Huddleston, jefa de la Sección de Intereses de EE.UU en la Habana se sintió feliz a pesar de su cansancio después de despedir a medianoche los últimos invitados de una recepción realizada en su residencia oficial en el lejano año 2000.

Entonces se dejó caer en un butacón para descalzarse alegremente los zapatos “oficiales” de tacones altos -tan ajenos a su habitual predilección por los calzados deportivos y la ropa cómoda-.

La fiesta fue dedicada a agasajar a artistas e intelectuales cubanos junto a periodistas y delegados extranjeros a la VII Bienal de la Habana, uno de los más importantes eventos de las artes plásticas de la región y del mundo, desarrollada entre noviembre y diciembre de ese año.

El exultante estado de ánimo de la diplomática respondía a la percepción del encuentro como un importante logro de la “diplomacia pueblo a pueblo” en la que las relaciones directas de los funcionarios norteamericanos enmascaradas en supuestos fines culturales, eran decisivas para estimular y organizar una oposición contrarrevolucionaria dentro de la intelectualidad de la Isla.

Estos esfuerzos se intensificaron tras la caída de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista entre 1989-1991 al perder la Isla más del 60 por ciento de su mercado exterior que mantenía con estos países.

Adicionalmente, la administración de la época del Presidente William Clinton hizo casi total el bloqueo al extenderlo a terceros países con la aplicación de las Leyes Torriceli en 1993, heredada de la anterior administración de George Bush y la Helms Burton en 1996, está última utilizando el pretexto del derribo de las avionetas de los Hermanos al Rescate.

La estrategia principal estadounidense se basaba en que en el país se produciría un estado de ingobernabilidad por las grandes penurias generalizadas que darían paso a disturbios sociales y harían posible la concertación de sectores de la intelectualidad con movimientos contrarrevolucionarios bajo la batuta de la Sección de Intereses de EEUU en la Habana para llevar adelante el llamado Carril 2.

El programa era un intento de versión criolla de métodos probados con éxito en la URSS y Europa del Este durante más de cincuenta años de guerra cultural en especial en el tratamiento a los intelectuales de esos países, ganados en parte para el desmontaje del socialismo europeo.

Esa política tuvo un terreno fértil en los decenios de años de desviaciones, graves errores de todo tipo y crímenes acumulados desde la época de Stalin (1924-1953) que facilitaron en buena parte el éxito de los norteamericanos y sus aliados por acelerar y estimular la implosión de esas sociedades.