Un escuadrón de estrellas en la frente

El 14 de junio cumple años uno de los más grandes cubanos de todos los tiempos. Por uno de esos azares venturosos de la historia, ese mismo día los cubanos celebramos el cumpleaños de otro hombre excepcional Ernesto Ché Guevara y como si junio se bastara para llenar a Cuba de héroes, es el mismo mes en que nacen Raúl Castro, Gerardo Hernández y Ramón Labañino.

Antonio Maceo Grajales, un cubano humilde, mambí de la tierra porque en ella nació, vivió y la regó una centena de veces con su sangre generosa. Maceo que ganó sus grados en fiera lidia, alumno de Máximo Gómez, genio militar de mil batallas, honor marcial en Santa Rita, jefe político cuando Lagunas de Varona, Líder moral de la Revolución cubana desde Baraguá.

Ese día de Mangos de Baraguá asumió la dignidad de todo un pueblo y se transformó en su líder moral, que no efectivo por su grandeza, cuando en un gesto que le reafirma, nombra a Vicente García al frente de la Revolución.

Miró Argenter lo describe en una de las batallas en que lo acompañó, ya en Pinar del Río, cuando la invasión “El General, con la hoja desnuda, sin alterar la voz ni la compostura gallarda del jinete, era la expresión más alta del valor y de la marcialidad, todas las miradas estaban clavadas en él, ya no había refugio, cambio de posición, ni esperanza de salvamento, el que caía, inerte quedaba. Los hombres eran figuras de adorno, con el pecho del caballo las derribaba, vendaval, furia bélica, estandarte glorioso, él lo era todo.”

Como gran militar que era Maceo había comprendido mejor que nadie la estrategia militar de Martí, hacía falta dar un Ayacucho cubano. Así llegó a occidente dispuesto a vencer en una guerra “breve y generosa”, pero pronto descubrió que no era tarea fácil, se le negaban los bastimentos necesarios y el Titán se quejaba, se repetían los males del 68, las mejores armas, los refuerzos quedaban en el oriente, algunos no deseaban que la Revolución fuera tildada de racial, lo cierto es que no llegaban las armas para el Ayacucho y los pinareños, habaneros y matanceros esperaban “Si tuviera las armas, podría armar varias divisiones, pero de nuevo los refuerzos, las armas necesarias van a parar a manos de los niños bien” señalaba a Máximo Gómez.

Narra el destacado historiador cubano José L. Franco “Uno de los rasgos más salientes de la batalla de Río Hondo fue el gesto heroico de los reclutas desarmados pinareños, que iban en la impedimenta, en espera de un arma para combatir en primera fila y se lanzaron sobre los cuadros de la infantería española” Maceo describió así el hecho al recorrer el campo de batalla y ver los cadáveres de aquellos patriotas “ Yo nunca había visto esto, gente novicia que ataca inerme a los españoles ¡con el vaso de beber agua por todo utensilio! Y yo que le daba el nombre de impedimenta… Solamente he visto pelear así en Oriente”.

Se repiten una y otra vez las peticiones de armas y municiones, para desarrollar la guerra en occidente, donde se concentraban la mayor parte de las tropas españolas, Weyler está seguro y lo plantea a su Estado Mayor de que si derrotan a Maceo ganan la guerra, por eso le persigue con saña, por eso concentra a las mejores tropa en Pinar del Río y la Habana. Pero las expediciones no llegan y el delegado Estrada Palma hace oídos sordos. Cuando la gente que hace política en plena guerra, en vez de dedicarse a combatir al enemigo, le solicitan su apoyo, se niega resueltamente, cuando mambises bien intencionado solicitan asuma la dirección de la Revolución indignado llama a la unidad y exige disciplina “Nunca haré nada que dañe la Revolución”.

Pero la situación política sigue complicándose, otra vez estaba la cuestión sobre el tapete, cartas recibidas del General Rafael Portuondo descubrían la maquinación contra Máximo Gómez y el Márquez de Santa Lucía, se reclamaba la presencia de Maceo y su autoridad para cortar de raíz los males que minaban el organismo de dirección “No hay más remedio- dijo a Miró Argenter y a los hombres de su Estado Mayor- hay que salir de aquí inmediatamente, no espero más, lean esta carta y díganme si las cosas de Cuba pueden quedar así”.

La muerte le sorprendió en el camino, la patria aún llora su caída y le lleva en la vida porque Maceo es Cuba, su hombradía es esencia de cubanía. La Revolución organizada por Martí había perdido al más preclaro de sus jefes, Cuba perdía a su líder, el camino quedaba expedito para la traición de Estrada Palma y compañía, de estar vivo el Titán muy difícil les habría resultado entregar el país a los EEUU.

…De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete; no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes, incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos, todo debemos cifrarlo en nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.

La muerte segó una de las más claras inteligencias del país, se llevó consigo al más martiano de los soldados de Cuba Libre, porque las coincidencias de pensamiento entre ambos titanes no eran casuales. Ambos entendieron el peligro que significaba el vecino poderoso, sabían que una alianza con ese vecino sería fatal para la Revolución y que la demora aumentaba el peligro. Cuando le preguntan que haría en caso de intervención de los EEUU en la guerra, con total decisión responde “Sería la única ocasión en que estaría al lado de los españoles” las diferencias que pudieron tener en la organización de la guerra quedarían zanjadas en el combate, porque para ambos la patria era lo primero. (Continuará)

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