El duende que merodea nuestras cabezas

Para nuestros estudiantes, a todos y cada uno de ellos, en especial a los que tuve en las aulas, esos que se forman como maestros.

Estos son mis alumnos, no falta quien les critiquen, son jóvenes, la gran mayoría oriundos de las provincias orientales, llevan 4 o 5 años en la Capital, hacen su práctica laboral en las Secundarias Básicas de lunes a viernes. Estudian en la universidad 2 veces a la semana. La exigencia es alta, no toda la que quisiéramos. Los cubanos somos individuos de metas elevadas, soñamos con ser siempre los mejores y nada nos parece bien nunca, somos eternos inconformes y esa gran inconformidad nos hace vencer dificultades ante las que muchos cejarían.

Esta es el aula y estos los estudiantes, maestros en formación de la carrera de profesores generales integrales, muchos les critican. Son jóvenes que día a día se levantan temprano, desayunan lo que hay ese día y luego salen a nuestras secundarias básicas a realizar su práctica laboral, aprenden de sus tutores, maestros con experiencia, la sabiduría de años del magisterio cubano. Por el mediodía consumen la merienda escolar, la misma que almuerzan sus escolares, cerca de la noche llegan a sus residencias estudiantiles. Sus familias viven lejos de la capital, muchos de ellos son de plena Sierra Maestra, extrañan sus casas, sus costumbres, su familia, son nietos de aquellos mismos campesinos, que hace 50 años, jóvenes iguales que ellos alfabetizaron en una campaña que se inscribe como una de las obras más hermosas de la Revolución cubana.

Estos son mis estudiantes, algunos padres les critican, dicen que la educación de sus hijos no es la mejor, como si la educación fuera solo cuestión de la escuela, responsabilidad de los maestros, como si la familia no tuviera la máxima responsabilidad en la formación de valores, cómo si la sociedad fuera ajena. Ellos nacieron en los 90, son hijos del período especial, ellos fueron nuestros alumnos, ellos son nuestros hijos.

Ellos dieron el paso al frente y siguen aquí, sin ellos no sería posible llevar adelante la educación secundaría. Ocupan el puesto de algunos que eligieron estar del lado en que se vive mejor, no del lado del deber, si todos los graduados de las escuelas pedagógicas estuvieran hoy en las aulas, sobrarían maestros altamente calificados. Pero no están. Los graduados de las universidades pedagógicas cubanas son codiciados por todos los sectores que emplean personal altamente calificado, hoy te los encuentras como gerentes de compañías mixtas, empresas estatales, en el turismo dirigiendo hoteles, como cuadros en diferentes niveles de la sociedad civil o el estado. Y un largo etcétera.

Esta es mi aula, aquí les imparto Historia y Didáctica de las Humanidades, trato de enseñarles a ejercer el criterio, enciendo el debate, quiero piensen con su propia cabeza, que arriben a conclusiones, siempre les digo que mi satisfacción mayor sería que no siempre estén de acuerdo con lo que digo. En las clases trato de tocarles el corazón, pues solo así se aprende a amar la historia patria. Hablamos de Varela, José de la Luz, Agramonte, Maceo, Martí, Mella, el Ché, Fidel. Intento ponerles en contacto con la vida de hombres de carne y hueso, eludimos el mármol y el bronce. Hablamos de la Revolución, del ayer y del hoy, son críticos, tienen una visión diferente y eso trato de enaltecerlo, a veces dicen cosas que no me gustan, creo que no son justos y discutimos. Les enseño que la esencia de un revolucionario, de un comunista, está en su capacidad de defender el derecho de los demás a expresar lo que piensan, está en su disposición a dar la vida por ese derecho. El socialismo es la libertad plena del hombre, es la dignificación plena o no es socialismo, es otra cosa. No podemos ser la otra cara de la moneda, tenemos el deber de ser diferentes, de construir un mundo diferente. A veces pasamos las horas discutiendo esos temas, comparando, arribando a conclusiones. Conversamos del hombre nuevo, que no puede fabricarse en moldes de hierro, que no se puede producir en serie, cada hombre debe ser un hombre nuevo igual a sí mismo y diferente al otro.

Engels decía en carta a Joseph Bloch, Somos nosotros mismos los que hacemos nuestra historia, pero la hacemos en primer lugar, con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas son las económicas la que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición que merodea como un duende en la cabeza de los hombres.

Ese duende merodea en nuestras cabezas con tremenda vitalidad, tal que nos hace casi únicos en el contexto revolucionario y marxista mundial. Marx fue en su tiempo el hombre más odiado y más calumniado, los gobiernos absolutistas o republicanos, los burgueses conservadores, los liberales, los ultra demócratas, competían a lanzar difamaciones contra él, porque Marx era ante todo un revolucionario, que luchó con pasión, tenacidad y éxito. Hoy la Revolución cubana y la venezolana corren igual suerte, los burgueses de todo el mundo, las ven como su principal enemigo, porque son auténticas, porque luchan con pasión por la emancipación del hombre, porque son exitosas.

Esta es mi aula y estos son mis alumnos, rebeldes, inquietos, contradictores, entregados, consagrados, con unos deseos enormes de salir adelante en la vida, de construirse un futuro a la imagen y semejanza del sueño que sus duendes construyen en sus cabezas. El enemigo quería que les atrajera a sus filas, quería que les confundiera, el enemigo desea hacer de ellos banales soldados del modo de vida capitalista, cultores de la tontería, quiere que los nietos de la Revolución se pongan de rodillas y asuman el dogal que sus padres arrojaron al mar con viril decisión.

Esos son mis alumnos, discuten en el aula sobre el derecho a viajar, sobre el deporte rentado, la propiedad cooperativa, los cuentapropistas, la entrega de tierra en usufructo, muchos siguen la pelota, aunque prefieren el futbol, no entienden muchas cosas que pasan, cuestionan, hablan con entera libertad, pero si se me hubiera ocurrido en serio platicarles lo que desea el enemigo, (cuando supuestamente yo era un agente de la CIA), si les proponen cooperar en los proyectos contra la Revolución, estoy seguro que la pasaría muy mal el que lo hiciera.

Esos son mis estudiantes, nuestros alumnos, nuestros maestros, los primeros cuando se necesita enfrentar las acciones del enemigo, los más confiables soldados de la Revolución.

Un comentario en “El duende que merodea nuestras cabezas

  1. Pingback: El control de las mentes « El Adversario Cubano

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